Para quienes tengan la mala idea de estudiar Periodismo

La proletarización del periodismo

Lunes, 31 de Mayo de 2010

Un alto directivo de uno de los cuatro principales diarios nacionales de Madrid me contaba el otro día que cuando él empezó como redactor en esta profesión, hace 30 años, ganaba 96.000 pesetas. Además tenía un ordenanza que le hacía fotocopias y un chófer que le llevaba a las ruedas de prensa. Cuando yo firmé mi primer contrato, hace quince años, me pagaban 180.000 pesetas: las cosas mejoraban. Entonces se abonaban a los redactores los taxis para ir a cubrir las informaciones, aunque las fotocopias eran de autoservicio. Ahora, a la gente que empieza, le pagan en muchos casos 500 o 600 euros. Si no van a dedo a las ruedas de prensa, deben de estar a punto, aunque aún hay otro sistema más barato: que no salgan a hacer información.

Estos datos son personales, y no serían generalizables si no confirmaran la intuición de todos los que llevamos algún tiempo trabajando en esto. Silvia Padrón recogía recientemente una cifra escalofriante: el 20% de los periodistas han quedado en paro con la crisis, que ha sacudido especialmente al sector por su propia negligencia para gestionar su adaptación a las nuevas tecnologías y por su fascinación ante el negocio del infotainment, que ha desvirtuado la función del periodismo.

Muchas de las personas despedidas o prejubiladas estos últimos años han sido, al mismo tiempo, contratadas como colaboradores, lo que permite a las empresas ahorrar infinidad de gastos. El colaborador se paga sus fotocopias. Y va en metro, porque el taxi sale de su bolsillo, como la cotización a la Seguridad Social. Las tarifas de las colaboraciones a la pieza, por cierto, también han bajado.

La precarización de la profesión no es evidente, porque salir en televisión o firmar en un periódico conceden un estatus aparente, aunque no se corresponda con un nivel de vida real. Pero lo cierto es que con 96.000 pesetas del año 80 uno se podía alquilar un piso decente, mientras que con 600 euros del año 2010, apenas se puede alquilar una habitación si quiere seguir comiendo. La proletarización del periodismo es, de hecho, una noticia. Y sin embargo, los medios todavía no la han publicado. No lo hacen porque tendrían que asumir, o criticar, el efecto pedagógico que los despidos y la pérdida de poder adquisitivo ejercen sobre los periodistas. En las redacciones hoy cunde un mensaje: no te muevas, no molestes, no abandones el camino trillado. Si lo haces, no llegarás; y si has llegado, puedes ser el próximo en salir.

No hace falta un gran esfuerzo de imaginación para saber que ese ambiente coactivo estimula el servilismo y el asentimiento y, por tanto, es el enemigo número uno del trabajo intelectual. Difícilmente se puede informar en libertad, crear, arriesgar o tratar de hacer valer el criterio propio que se le supone a un periodista, cuando en su mente se ha instalado como prioridad absoluta la supervivencia laboral a cualquier precio. Y ese precio lo estamos pagando en deterioro de la información y de la opinión. El problema no es que las empresas periodísticas quieran ahora mercenarios puros, disciplinados y obedientes: probablemente sea lo que siempre quisieron. El problema es que ahora los periodistas están mucho más dispuestos a serlo. Y el problema aún mayor es que, si los mismos periodistas no pelean por su independencia, la sociedad pensará con todo derecho que no debe de ser muy importante.

Fuente: EL CUARTO PODER (http://www.cuartopoder.es/)

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