Periodistas: especímenes de laboratorio

Distinto lenguaje y país pero roles idénticos. Desde que entras por la puerta de cualquier FCOM, al menos en la mía, te das cuenta de que hay una tipología de futuros plumillas perfectamente clasificable y muy fácil de apreciar. Están los empollones de libro, repelentes como ellos solos, que lo mismo te hablan de la cotización en bolsa de tal o cuál empresa, que del último aparato fabricado para la NASA. Estos son los que se pasean por los despachos mendigando décimas para la matrícula de honor, criticando a compañeros si hace falta. Este tipo de personas, desgraciadamente, llegan lejos.

Luego están los pasan tres kilos de las clases, pillan apuntes de aquí y de allí y disfrutan haciendo los trabajos en grupo con unas buenas cervezas en la mano, perroflautas en potencia. El mundo cultureta ser su escenario profesional.

También estábamos los criticones por naturaleza que no callábamos ni debajo agua y que estábamos deseando liarla. A este grupo la vida profesional se ha limitado a: prácticas y paro.

Sin ahondar demasiado en el tipo de profesionales en los que han degenerando los unos y los otros, encuentro que los roles profesionales se repiten en ambos lados de la frontera pirenaica.

Hay periodistas que abren el documento Word diez minutos antes de grabar un programa, sin prisas, para poder improvisar de manera magistral con tres apuntes y la cabeza loca. Estos suelen ser expertos en batallitas varias, con un pasado canalla de vida nocturna importante y conocedores que los más recónditos festivales de la geografía nacional. Estos son los que ante una entrevista con un medio famosillo te calman, te quitan los folios con la información sobre el grupo, te hace un par de bromas y te pone a prueba en directo para que la adrenalina se te dispare. Pasan tres kilos de todo el mundo en general, no se meten con nadie pero si te ven apurado no dudan en echarte un cable en silencio, sin alardear de todo lo que saben y lo inexperto y pequeñito que eres.

Peeeeeero lo que quería contar desde el principio de esta entrada en realidad es que los histéricos, de mal carácter, desaliñados, desordenados, gritones, bipolares, criticones y con un ego que no cabe en el estudio, también existen aquí en Francia.

Ni entrevistas de trabajo ni pollas en vinagre, test psiquiátricos antes de entrar a un curro, eso es lo que deberían hacer las empresas de comunicación. A escribir y a leer se aprende, pero un loco sin medicar es un problema. Cambios de humor repentinos, gritos, “¿te enseño las fotos que aparecen en el Google cuando meto mi nombre?” ¿Hola? ¿Te imaginas que me importa?

Esta especie de plumillas son los que arrastran alguna patología sin diagnosticar, que si vivieran en los EEUU ya estarían tumbados en un butacón delante de un psicólogo una vez por semana, histéricos, que repiten todo el tiempo quejas varias como:”soy yo quien hace el trabajo de los demás, nadie me tiene en consideración, yo podría mandar esto a la mierda y escribir en la prensa internacional, por mi sale esto adelante, yo yo yo yo yo yo”. La profesión en general es un poco yoísta sí, pero cuando esto pasa a lo patológico comienza a ser preocupante.

No sé por qué los stagieres o becarios eternos (con 27 años como 27 soles) tenemos que aguantar que alguien una tocapelotas de diga que el discurso radiofónico se compone de frases cortas y palabras fáciles de pronunciar, que te hable de una supertécnica innovadora que se hace en Francia que consiste en una pregunta y varias respuestas de personas diferentes tout suite (tren de voces en mi pueblo)…

Será porque escribo algo “fachée” pero me joden los jefecillos gritones, que hacen de cualquier pequeño error “la catastrophe” nacional, que cuentan lo mucho que trabaja y lo poco que trabajan sus colegas a cada persona que se encuentra por la calle, que se buscan en Google para ver su foto, que hacen dos gilipolleces con un editor de sonido (meter una canción sobre un corte de audio) y creen haber descubierto América, que critica a todo el mundo sin parar…

No sé si es por ser mujer, por ser periodista o por ser una madre que  no dedica tiempo a su hija, pero lo cierto que hay especímenes que el ego les sobrepasa que no pueden quererse más y no se dan cuenta que son tan mediocres como cualquiera.

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