La excusa no puede ser el trastorno ansioso depresivo

Incapacidad para no salir de la cama. Quere acabar con todo. No poder continuar con tu vida como hasta el momento. Los trastornos ansioso depresivos son incapacitantes, desbordan a quien los padece que siente que no puede con la vida, con las responsabilidades, con el trabajo, con nada. Pero, ¿una madre deja de serlo por una depresión aunque sea cronificada?

El fin justifica los medios. Esta afirmación, como se deriva de su autor, es maquiavélica. Porque, poniendo como ejemplo que una madre deje de hablar con sus hijos, los medios, las causas, condicionan pero no determinan. No soy madre pero sí que algún psiquiatra de la Seguridad Social puso en un casillero hace tiempo ese nombre que, con tan solo leerlo, ya da ansiedad: “trastorno ansioso depresivo crónico”. Y empezó a enchufarme, a punta pala, medicamentos de todos los colores: de esos que químicamente hacen que tu cerebro se apague y te deja activa las neuronas necesarias para controlar esfínteres. Poco más se puede controlar con los cañonazos que prescriben los facultativos.

No soy madre, pero también me merendé no “varias pastillas de distintos medicamentos”, yo cogí un bote entero del que sabía que iba a conseguir mi objetivo. Porque todos manejamos información y sabemos lo que te va a dejar atontá y lo que te lleva para otro barrio. Gracias, esta vez sí, a que tengo cerca alguien que me quiere y a los profesionales de la Pública que creo -porque no lo recuerdo- actuaron rápido para dejarme lo menos malamente posible.

NO COJAS EL PLAN B, SIEMPRE HAY SOLUCIÓN:

TELÉFONO DE LA ESPERANZA:

717 003 717

No soy madre pero sé que, en ese momento, si me ponen una cámara delante no tengo narices de levantarme de la cama, ni de ir a la peluquería, ni de ponerme tacones, ni de pintarme los labios. Porque quien ha sufrido y sufre con cualquier tipo de trastorno sabe que no se puede. Pero, vamos a suponer que me den 1, 2 o 3 millones de euros por delante. Lo mismo meto el bote en un cajón y me visto de rosa fucsia. Pero es que, lo normal ante una situación de pérdida de consciencia, es que quien te quiere te arrope, te mime, te abrace, te saque a dar paseítos tranquilos, te lleve de viaje a sitios que te gustan. No que te coloque un foco delante para hacer caja. Es lo que menos necesita una persona que está sufriendo.

No soy madre pero sé que cuando vives en una realidad paralela de sufrimiento continuo, nada tiene sentido, piensas que ya no hay más vida, que nadie te quiere, que no sirves para nada. No eres capaz de jugar al parchís, ni de hilar dos frases seguidas, ni de ducharte porque hasta los sentidos se inactivan.

No soy madre pero sé que nadie es culpable de las desconexiones de tus neurotransmisores. Ni tu pareja de diez años por dejarte de la noche a la mañana, literalmente. Ni de tu círculo de “amigos” que lo prefieren a él antes de cargar con alguien muerto en vida. Ni podemos culpabilizar al padre ausente ni a la infancia de mimos y caprichos todos. NADIE ES CULPABLE DE UN INTENTO DE AUTOLISIS. Ni quien coge el bote, ni quien se lo quita. NADIE.

No soy madre ni he sido maltratada por nadie pero estoy convencida (ahora mismo, puedo cambiar de opinión) de que hoy no vivimos en los años 60. Estoy convencida de que hay trabajadores sociales en los centros de salud que te escuchan, médicos de atención primaria que saben cómo proceder, asociaciones y entidades que ofrecen apoyo y asistencia a cualquier tipo de necesidad social o afectiva de cualquier persona, persone o murciélago.

Por supuesto, critico, rechazo y hasta denosto a los profesionales del sistema público de sanidad (y del privado también) que “curan” SOLO con ansiolíticos cualquier situación emocional. Los medicamentos tienen su función en los neurotransmisores, que tenemos que controlar para continuar, pero cumplida su función hay mucho más. Después de probar los mejores psiquiatras de mi ciudad, pasar por psicólogos que trabajaban con técnicas conductuales, me di cuenta de que cuando lo que te duele es el alma, una rutina de ejercicios puede ser el primer paso, pero hay que seguir trabajando largo y para toda la vida. Yo tuve la gran suerte de topar con la psicóloga que me está ayudando a superar cada adversidad que la vida te pone. Porque es un no parar de problemas; salud, trabajo, familia, entorno y hay quienes necesitamos una muleta. No para alcanzar “el ritmo habitual”, sino para hallar TU RITMO y cambiar las muletas por plantillas. O seguir con las muletas, qué más da. Lo importante es seguir caminando.

Mari Ángeles Arquero Pardo

Terapeuta holística

Porque ni soy madre ni mujer maltratada pero sí que soy piscis y como el arquetipo de esta alineación planetaria combinado con yo misma con mi mecanismo, siento y padezco con la cabeza, el corazón y el estómago y por eso, todo, lo bueno, lo malo y lo regular lo voy a canalizar con heridas del alma. Pero NO PASA NADA!!!! Mejor tener empatía de sobra que falte!!!

https://biocoach-online.com/

Ángeles García

¿Aquel diagnóstico? Lo rompí y lo tiré a la papelera. Preferí parar DOS LARGOS AÑOS a descansar de la vida, del trabajo, de la gente que me rodeaba y pensé, pensé y pensé. Leí, leí y leí. Vi series en todos los idiomas conocidos, escuché Carnaval hasta la extenuación, apagué el móvil las veces que me dio la gana, dormí todo lo que quise y más. Comí unos 30 kilos que aún me recuerdan que cada gramo de grasa, era un día menos de letargo. Y cuando me superan los acontecimientos, meto primera y camino un rato sin tantas revoluciones, que ni el mundo se para por nadie ni somos imprescindibles para nada.

Así es que no me venga otra puñetera niña mimada que ha hecho lo que le ha salido del higo toda su puñetera vida a culpar a nadie de su pajarraca mental. Lo que indica, evidentemente, que le queda muuuuucho camino de terapia, que probablemente no ha dado aún con ese profesional que la siente, la escuche y tome cartas en el asunto sin filtros como me dijo la mía después de tiempo lloriqueando: “si no vas a seguir el plan que tu misma te marcas, no puedo hacer mucho más por ti”.

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